“La educación prohibida” es un documental realizado
por Germán Doin Campos, un joven cineasta argentino. Este trabajo filmográfico que
salió a la luz en 2012 realiza una fuerte crítica a la educación pública en
general, por considerarla anticuada, autoritaria y coercitiva. Este filme, el
cual fue realizado con licencia Creative
Commons –esto implica que cualquier persona puede verla, descargarla,
copiarla o reeditarla sin ningún tipo de restricción- tuvo un impacto
considerable en las redes sociales, ya que sobrepasó las 4 millones de
reproducciones en YouTube y tuvo más de un millón de descargas. Además de ello,
los recursos económicos para su realización fueron recaudados bajo el concepto
del crowdfunding (financiación
colectiva), de la cual se obtuvieron 60 mil dólares (El Clarín, 2014).
El presente ensayo tiene por objeto realizar un
análisis crítico de los postulados que el director –joven formado durante
quince años dentro del sistema educativo privado (2014)- realiza sobre la
educación pública, así como de las alternativas pedagógicas que propone para
mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje. De igual manera se pretende
enmarcar dentro del contexto social, la aparición de este documental; ello con
la intención de dar luz sobre la intencionalidad política del mismo, la cual si
bien es cierto no se expresa de manera explícita a lo largo del filme, esto no
quiere decir que no exista.
Como punto de partida, es necesario mencionar que un
trabajo que se realiza con un rigor metodológico y que pretende construir un periodismo
objetivo con cierto grado de legitimidad, debe abordar, al momento de escudriñar
sobre algún tema, posturas contrastantes y opiniones diversas sobre el asunto a
tratar; es decir, es menester contar con lo que Luciana Vázquez llama
“contraposición dialéctica y ética” (20014). Siendo así, es posible afirmar que
el primer gran desacierto de “La educación prohibida” radica precisamente en
presentar una visión parcial sobre el sistema de educación pública argentino; ya
que durante las más de dos horas de duración del filme, únicamente se da
voz a la visión de un grupo de
especialistas de la educación que llevan a cabo métodos de pedagogía alternativa dentro de centros escolares privados que –a
juzgar por las imágenes de las instalaciones que se alcanzan a apreciar en la
película- son de costos bastante considerables.
Es dentro de este contexto de parcialidad y
subjetividad en donde el director cuestiona absolutamente todo lo relacionado
con lo que él mismo define como “educación tradicional” -eufemismo utilizado
para referirse al sistema de educación pública-; desde su obligatoriedad hasta
la división por grados escolares. Pero la falta de rigor ético y periodístico
no se reduce únicamente a la exclusión absoluta de la opinión de profesores adscritos
al sistema público de enseñanza, sino también a la de los alumnos mismos; situación
que resulta por demás incongruente si el filme pretende visualizar a los
educandos -que son la materia prima de los procesos de enseñanza-aprendizaje-
como seres autónomos y reflexivos, capaces de expresar opiniones e ideas.
Otras de las grandes debilidades de “La educación
prohibida” –además del formato fílmico que maneja, el cual es abrumadoramente
aburrido debido a su monotonía- son las propuestas de transformación que se
presentan frente al innegable anacronismo del sistema educativo estatal. Es
decir, intentan transformar los procesos de enseñanza-aprendizaje a través de
propuestas teóricas de principios del siglo XX (María Montessori, Olga
Cossettini, etc. [2014]) que si bien, en su momento fueron completamente
revolucionarias y sentaron las bases de la pedagogía moderna, es innegable que
en la actualidad han sido rebasadas por el contexto sociocultural dentro del cual
nos desenvolvemos. Resulta poco convincente plantear que es posible subsanar la
crisis de la educación pública de América latina con propuestas epistemológicas
europeas del principios y mediados del siglo pasado. Esto demuestra claramente
que el joven Doin Campos no es precisamente un especialista en el tema de la
educación.
Por si todo lo mencionado anteriormente fuera poco, el
documental padece de otra gran debilidad, la cual consiste en presentar escenas
caricaturescas que no retratan en lo absoluto la realidad del desgastado
sistema estatal de educación, al cual, dicho sea de paso, se le concibe como un
ente “supranacional” (Di Pietro, 2014) que funciona de igual forma en América
Latina que en Europa o Estados Unidos. Siendo así, “La educación prohibida”
construye imágenes estereotipadas de los profesores –personajes oscuros y
hoscos que se muestran insensibles ante los educandos- y de los educandos
mismos, los cuales aparecen atados a las sillas del salón de clases como un
ejemplo metafórico de lo que implica el adoctrinamiento ejercido por los
centros escolares. En este sentido, el documental se reproduce dentro de un
gran desacierto epistemológico y conceptual, puesto que concibe la educación
como un espacio carente de “lugares de lucha, contradicción y resistencias [lo
cual es falso si se toma en cuenta que] Ni maestros ni estudiantes son sujetos
pasivos determinados a actuar mecánicamente como opresores y sometidos (2014)”.
Por el contrario, tanto unos como otros, están desempeñando un papel que se
transforma constantemente debido al dinamismo de la sociedad en la que se
desenvuelven.
Es así como este trabajo fílmico que se dispone a
criticar absolutamente todo lo que sucede dentro del sistema de educación
pública, dificulta enormemente la realización de un diagnóstico certero y
objetivo que nos permita saber cuáles son los aspectos que realmente no
funcionan para ser modificados y cuales si deben mantenerse y por tanto
fortalecerse y replicarse. Es en este punto donde el análisis del contexto
político adquiere una enorme relevancia, más aun si tomamos en cuenta los
procesos que se están viviendo en varios países de Latinoamérica tales como
Venezuela, Bolivia, Ecuador o Uruguay, en los que el Estado ha retomado su
papel de garante de muchos de los derechos humanos que se vieron afectados
durante el embate neoliberal que comenzó en toda la región, luego del golpe de
estado perpetrado en Chile durante el año de 1973.
Como es bien sabido, diversos órganos financieros
tales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización
Mundial de Comercio se han manifestado abiertamente en contra de los procesos
de estatización en sectores fundamentales para la sociedad tales como la
educación o la salud, y constantemente han buscado imponer sistemas de
enseñanza que respondan a las necesidades del mercado local y global, buscando
con ello la formación de obreros especializados en las universidades públicas y
de dirigentes empresariales en las escuela privadas. Ante este panorama, es
inevitable preguntarse si “La educación prohibida” no tiene como trasfondo el
desmantelamiento de la educación pública, la cual por cierto, en México es casi
una realidad.
Dicho lo anterior, es menester afirmar que resulta
delicado y pernicioso el cuestionar la obligatoriedad de la educación, porque
al hacerlo, se está cuestionando, implícitamente, la rectoría que el Estado
tiene de esta, y por tanto, la posibilidad de que poblaciones marginales puedan
acceder el beneficio de ella; más aún cuando existen muchos especialistas en el
tema que coinciden con el hecho de que la educación posee un carácter
transformador y que por tanto esta debe ser considerada como un derecho
inalienable. Si bien es cierto que –esto debido a la profunda crisis del
sistema económico actual- el viejo paradigma que afirmaba que mediante el
acceso a la educación se aseguraba el ascenso en la escala social ha quedado
rebasado, es innegable el poder transformador que la educación continua
ejerciendo no sólo en el individuo que asiste a un centro escolar, sino también
en su entorno inmediato (familia, amigos, vecinos, etc.). Por lo tanto, el
cuestionar la obligatoriedad de la educación no pasa por un tema de libertades
humanas, sino de enraizamiento de desigualdades sociales.
A lo largo del este ensayo se han presentado una serie
de críticas al documental “La educación prohibida”, el cual se considera que es
un trabajo periodístico poco serio debido a la parcialidad de sus argumentos, los
cuales son claramente excluyentes, pues
silencia la voz de actores diversos con posturas divergentes a las del director
del filme, así como la opinión de los estudiantes mismos, los cuales son
excluidos por completo del documental. Por otra parte, la imagen que se
construye de la educación pública está basada en imágenes y situaciones
irreales que no obedecen a las dinámicas que se desarrollan tanto al interior
de las aulas como en la escuela en general. Esto lleva de manera no
circunstancial a plantear cuestionamientos que se adscriben al ámbito político
y que pueden sugerir que tras el “La educación prohibida” se encuentra el
embate prohibido –prohibido desde el punto de vista cultural, económico,
político y social- de la privatización de la educación pública.
BIBLIOGRAFÍA
· “«La educación
prohibida»: un film argentino que critica la escuela ya es un furor mundial” en
El Clarín. www.clarin.com/educacion/edeucacion-prohibida_0_801519889.html. 29 de octubre del 2012.
· Di Pietro, Susana. “La educación prohibida”, en www.ctera.org.ar/index.php?option=com_k2&viev=item&id=102:cr%C3%ADtica-de-%E2%80%9Cla-educaci%C3%B3n-prohibida%E2%80%9D-por-susana-di-pietro 28 de agosto del 2012.
· Vázquez, Luciana. “Detrás de la educación prohibida”, en La nación. www.lanacion.com.ar/m1/1524276-detras-de-la-educacion-prohibida 09 de noviembre del 2012.
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